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Escapadas › Traslasierra profunda: Nono, Mina Clavero y el Museo Rocsen
Cultura · Fin de semana · 170 km

Traslasierra profunda: Nono, Mina Clavero y el Museo Rocsen

📍 Traslasierra
Traslasierra profunda: Nono, Mina Clavero y el Museo Rocsen
Foto: CarlosA.Barrio / CC BY-SA 4.0 via Wikimedia Commons

Ríos de agua clara, pueblos de sierra y uno de los museos más insólitos del país, cruzando las Altas Cumbres.

Hay un momento, subiendo por las Altas Cumbres, en que Córdoba capital queda atrás y el paisaje se abre de golpe: la sierra pelada, el cielo enorme y, allá abajo, el valle de Traslasierra esperándote con sus ríos. Este es un fin de semana para bajar el ritmo, meter los pies en agua clara y descubrir uno de los museos más raros y maravillosos del país.

Cómo llegar

Desde la ciudad de Córdoba son unos 170 km hasta Mina Clavero por la Ruta Provincial 34, la famosa Ruta de las Altas Cumbres. Son alrededor de dos horas de manejo, pero no las apures: es un camino de montaña que atraviesa las Sierras Grandes, con curvas, miradores y tramos donde conviene ir tranquilo. Hay peaje, así que llevá algo de efectivo. El esfuerzo se paga solo: la vista desde arriba es de las mejores de la provincia.

Mina Clavero, capital del agua

Mina Clavero es el centro turístico de Traslasierra y se entiende apenas llegás. El río Mina Clavero nace en las Altas Cumbres, cruza todo el pueblo y fue declarado una de las Siete Maravillas Naturales de Argentina. Sumale los ríos Panaholma y Los Sauces: entre todos arman más de una docena de balnearios.

Nido de Águila: una olla natural bien profunda, ideal para los que se animan a un clavado.
La Toma: piletones de piedra y toboganes naturales, un parque acuático de verdad.
La costanera: para caminar al atardecer y sentir el pulso del pueblo.

Consejo práctico: el sol de sierra pega fuerte y las piedras del río son resbaladizas. Llevá calzado que se pueda mojar, gorra y agua para tomar.

Nono, el pueblo que va despacio

A pocos kilómetros de Mina Clavero está Nono, y el cambio de clima se nota enseguida. Es un pueblo tranquilo, encajado entre el río de Los Sauces y el Chico de Nono, con playitas de agua mansa y tibia, perfectas para ir con chicos o para leer sin apuro. El río de Los Sauces baja calmo, con orillas de arena que invitan a quedarse toda la tarde.

El corazón de Nono es su plaza, rodeada de construcciones que le dan ese aire de pueblo detenido en el tiempo. Ahí funciona la feria de artesanos y productos regionales, una de las más lindas del valle: dulces caseros, quesos, tejidos, cosas hechas a mano. Es el plan ideal para una mañana sin reloj.

El Museo Rocsen, la joya inesperada

Y acá está la razón de fondo de esta escapada. A unos kilómetros de Nono aparece el Museo Polifacético Rocsen, y no se parece a nada que hayas visto. Lo primero que te frena es la fachada: 49 estatuas de piedra que el propio creador esculpió a mano a lo largo de ocho años, para contar a su manera "la evolución del pensamiento", desde el primer homínido hasta Martin Luther King, pasando por Jesucristo.

Adentro, el vértigo es otro. El museo reúne más de 60.000 piezas repartidas en distintas salas y agrupadas en más de un centenar de temáticas: fósiles, minerales, instrumentos musicales, autos antiguos, arte religioso, una momia, animales embalsamados, objetos de culturas de todo el mundo. Es imposible verlo todo en una sola visita; conviene ir con tiempo y dejarse llevar.

Detrás de todo hay un solo hombre: Juan Santiago Bouchon, nacido en Niza, Francia, formado en antropología y bellas artes en París. Llegó a Nono a mediados del siglo pasado con contenedores llenos de objetos juntados durante toda su vida y fundó el museo el 6 de enero de 1969. Trabajó en él hasta su muerte, en 2019, a los 90 años, sin cerrar un solo día.

Villa Cura Brochero, el pueblo del santo

Pegada a Mina Clavero está Villa Cura Brochero, otro imperdible. El pueblo lleva el nombre de José Gabriel del Rosario Brochero, el "Cura Gaucho" que recorría estas sierras en mula para llevar la fe y abrir caminos y escuelas. En 2016 el papa Francisco lo canonizó: fue el primer santo argentino nacido, criado y muerto en el país. Vale la pena visitar el santuario y caminar la plaza centenaria, donde los artesanos siguen mostrando su trabajo.

Para cerrar

Traslasierra profunda es eso: ríos que te reciben, pueblos que te bajan las revoluciones y un museo que te vuela la cabeza. Con un fin de semana alcanza para probarlo, aunque casi todos vuelven queriendo quedarse.

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