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La laguna Mar Chiquita, aguas termales, flamencos y el nuevo Parque Nacional Ansenuza.
Hay un mar tierra adentro, en el corazón de Argentina, y pocos cordobeses lo conocen del todo. La laguna Mar Chiquita, también llamada Mar de Ansenuza, es el lago salado más grande de Sudamérica y uno de los cinco más grandes del planeta: en crecida supera las 500.000 hectáreas de espejo de agua. De "chiquita" no tiene nada. A unos 240 km de Córdoba capital te espera Miramar de Ansenuza, el único pueblo asomado a esta orilla salada, donde flotás sin esfuerzo, te embarrás con fango terapéutico y ves atardeceres teñidos de rosa por miles de flamencos.
La sal es la protagonista. Ansenuza es una cuenca cerrada que se alimenta sobre todo del río Dulce (aporta cerca del 80% de su caudal), más el Suquía y el Xanaes; como el agua no tiene salida, se evapora y concentra sales y minerales. Queda tan densa que te sostiene: metés el cuerpo y te empuja hacia arriba, igual que en el Mar Muerto. A eso se suman los barros minerales que, ya en los años 30, atrajeron a los primeros visitantes en busca de alivio para dolencias de piel.
Qué ver y hacer
›Flotar en la laguna: por la salinidad extrema, el agua te sostiene sola. Obligado en los días de calor.
›Barros y spa natural: aplicarte el fango mineral de la orilla, dejarlo secar al sol y enjuagarte.
›Gran Hotel Viena: recorrer las ruinas de este hotel monumental convertido en museo.
›Avistaje de aves: la actividad estrella, con flamencos, garzas, gaviotas y cientos de especies acuáticas.
›Kayak y deportes náuticos: remar sobre el agua calma para meterte en el paisaje.
›Atardeceres: la laguna se pone dorada y rosa. Llevá la cámara.
Foto: Norbertoturista / CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons
El Gran Hotel Viena merece párrafo aparte. Fue construido entre 1940 y 1945 para el empresario Máximo Pahlke, que lo bautizó "Viena" en honor a la ciudad natal de su esposa. Fue lujosísimo: arañas de bronce y cristal, mármol de Carrara y vajilla de porcelana inglesa. Las inundaciones de la laguna, que arrancaron a fines de los años 70, lo fueron tapando hasta su cierre en 1985. Con las bajantes volvió a asomar y hoy funciona como museo, entre historias reales y leyendas de fantasmas.
Los flamencos y las aves
Ansenuza es uno de los grandes santuarios de aves de Sudamérica. Acá conviven tres de las seis especies de flamencos del mundo. El austral es el más abundante y vive en la laguna todo el año: los censos han contado unos 300.000 ejemplares, más de la mitad de la población mundial. A ellos se suman en invierno el flamenco andino (parina grande) y el de James o parina chica, que bajan de las lagunas de altura de la Puna.
Pero no termina ahí. Cada temporada llegan playeros y chorlos que vuelan miles de kilómetros desde el hemisferio norte, algunos desde el Ártico, para alimentarse antes de seguir viaje. Junto con los Bañados del Río Dulce, la zona reúne cerca del 66% de las aves playeras y migratorias del país. Por eso Ansenuza es hoy Parque Nacional y Reserva Nacional: creado en 2022, con 661.416 hectáreas, es la mayor área protegida de la Argentina continental.
Miramar te deja la sensación de haber estado en un lugar que casi no parece de este mundo. Naturaleza, silencio y aventura tranquila.
Cómo llegar
Desde Córdoba capital, tomá la Ruta Nacional 19 hacia el este, pasá Río Primero y combiná con la Ruta Provincial 10 y la Ruta Provincial 17 hasta Miramar. Es un viaje cómodo de unas 2 a 2 horas y media por rutas de llanura. Cargá combustible antes de salir: es un pueblo chico y de ritmo pausado.
Cuándo ir
Foto: Romi-Ibarra / CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons
›Primavera y verano: ideal para flotar y disfrutar los barros. También es la nidificación del flamenco austral.
›Otoño e invierno: la mejor época para ver las tres especies juntas, cuando el andino y el de James bajan de la Puna.
›Amanecer y atardecer: los mejores horarios de avistaje.
Tips
›Llevá binoculares: transforman el avistaje. Si podés, sumate a una salida con guía local.
›Después de flotar, enjuagate con agua dulce: la sal reseca la piel.
›Protector solar, sombrero y agua: el sol de la llanura pega fuerte.
›Respetá la reserva y no dejes basura; seguí los senderos habilitados.
›Reservá alojamiento con anticipación: en temporada alta se llena.
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