Foto: Charliemoon ar / CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons
El circuito de las estancias jesuíticas declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Entre los siglos XVII y XVIII, la Compañía de Jesús montó en Córdoba una máquina económica ingeniosa: para sostener el Colegio Máximo y la universidad que nacía hacía falta plata constante, y así surgió un sistema de estancias rurales que producían vino, ganado, cueros, tejidos y hasta mulas para el Alto Perú. Esa red de cinco estancias, más la Manzana Jesuítica de la capital, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 29 de noviembre del año 2000. Recorrerlas es viajar por el Camino Real, la ruta que unía Buenos Aires con el Alto Perú: iglesias barrocas, tajamares, museos y bodegas en un paisaje serrano que invita a frenar.
Las estancias, una por una
›Estancia de Caroya (1616): la primera del sistema, sostuvo durante décadas al Colegio Máximo. Después tuvo vidas insólitas: entre 1814 y 1816 fue fábrica de armas blancas para la Independencia y luego alojó a los inmigrantes friulanos que fundaron Colonia Caroya en 1878.
›Estancia de Jesús María (1618): el segundo núcleo productivo, especializado en vino. De sus bodegas salía la famosa "Lagrimilla de oro", que según la tradición llegó a la mesa de los reyes de España. Hoy alberga el Museo Jesuítico Nacional, con arte sacro, arqueología y la vieja bodega. La ciudad es célebre además por su Festival Nacional de Doma y Folklore de enero.
›Estancia Santa Catalina (1622): la más grande y, para muchos, la más imponente. Su iglesia es una joya del barroco colonial, con dos torres y una fachada curva de influencia centroeuropea. Dato único: tras la expulsión de los jesuitas la compró la familia Díaz y sigue siendo propiedad privada de sus descendientes.
›Estancia Alta Gracia (1643): el corazón de la ciudad homónima. La residencia funciona como Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers, junto a la iglesia y el tajamar, el dique más antiguo de la provincia. A pocas cuadras, el Museo Casa de Ernesto Che Guevara, donde el joven Ernesto pasó parte de su infancia buscando alivio al asma.
Foto: Claudio Elias / Dominio público vía Wikimedia Commons
›Estancia La Candelaria (1683): la más remota y la que mejor conserva su espíritu original. Está en plena sierra, a unos 1.200 metros de altura, en el departamento Cruz del Eje. Se dedicaba a la cría de mulas para el Alto Perú y su arquitectura mezcla residencia y fortaleza.
La Manzana Jesuítica en la ciudad
En pleno centro de Córdoba capital sobrevive intacta la Manzana Jesuítica, el cerebro del sistema. Ahí están la Iglesia de la Compañía de Jesús (consagrada en 1671, con su bóveda de madera en forma de casco de barco invertido), la Capilla Doméstica, la Residencia, el Colegio Nacional de Monserrat (que aún funciona como escuela) y la antigua sede de la Universidad Nacional. De aquel Colegio Máximo surgió en 1613 la universidad, la más antigua del país: la "Manzana de las Luces".
El circuito
Una escapada de día completo, de unos 110 km, se arma por el eje norte del Camino Real: desde Córdoba capital hacia Jesús María y Colonia Caroya (a unos 50 km), las estancias de Caroya y Jesús María y luego Santa Catalina por caminos rurales. Como Alta Gracia queda al sur y La Candelaria en el noroeste profundo, rara vez entran todas en un día: lo realista es elegir un día para el norte (Manzana Jesuítica más Caroya, Jesús María y Santa Catalina) y otro para Alta Gracia con el Che, dejando La Candelaria para el que busca aventura.
Cuándo ir
›Otoño y primavera son ideales: clima templado y sierras verdes.
Foto: Paco Martinez / CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons
›Enero trae el Festival de Doma y Folklore en Jesús María: mucha vida, pero también gente y calor. El verano pega fuerte al mediodía, así que conviene arrancar temprano.
Tips
›Verificá días y horarios de cada estancia antes de salir: varían según la temporada y algunas cierran algún día de la semana. Santa Catalina es privada, así que confirmá el acceso.
›Si vas a La Candelaria, cargá nafta y llevá agua: los tramos finales son de montaña y hay poco entre pueblos.
›Sumá una parada gastronómica en Colonia Caroya, famosa por sus fiambres, salames y vinos de raíz friulana.
›Llevá efectivo: en los pueblos chicos no siempre anda tarjeta.
Comentarios
Todavía no hay comentarios. ¡Sé el primero en compartir tu experiencia!
Iniciá sesión para dejar tu comentario.
Ingresar