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Escapadas › El Camino del Cuadrado y las Sierras Chicas
Ruta escénica · Día completo · 130 km

El Camino del Cuadrado y las Sierras Chicas

📍 Sierras Chicas
El Camino del Cuadrado y las Sierras Chicas
Foto: DavidGDS / CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons

Curvas de montaña, miradores y capillas coloniales entre Río Ceballos, Ascochinga y el valle de Punilla.

Hay rutas que son un medio para llegar a algún lado, y hay rutas que son el paseo en sí mismo. El Camino del Cuadrado es de las segundas. Se trata de la Ruta Provincial E-57, la única traza asfaltada que cruza el cordón de las Sierras Chicas de lado a lado, uniendo la zona de Salsipuedes y Río Ceballos con el valle de Punilla. Son unos 30 kilómetros de curvas anchas, subidas, bajadas y miradores que se abren de golpe sobre el mar de sierras. Prohibido el tránsito pesado, así que el camino es tuyo, del paisaje y de las motos y bicis que lo adoran.

La ruta actual se reinauguró en 2012, después de una reconstrucción importante que dejó un asfalto impecable y buena señalización. Andá con tiempo: la gracia no es cruzar rápido sino frenar en cada mirador, sacar fotos y dejar que el silencio de la montaña haga lo suyo.

Río Ceballos y la Reserva La Quebrada

Un buen punto de arranque es Río Ceballos, un clásico serrano a unos 30 kilómetros de la capital. A pocos minutos del centro está la Reserva Hídrica Natural Parque La Quebrada, más de 4.000 hectáreas de bosque nativo alrededor del dique La Quebrada. El paredón, construido entre 1974 y 1976, tiene 47 metros de alto y unos 254 de largo, y el espejo de agua es ideal para arrancar el día con una caminata suave.

Si tenés ganas de patas cansadas, desde la reserva salen senderos hacia cascadas como Los Hornillos y Los Cóndores. Son circuitos de dificultad media, con cruces de río y varias horas de ida y vuelta, así que reservalos para un día con margen.

El corazón del Cuadrado

Desde Salsipuedes o Río Ceballos se toma la subida al Cuadrado propiamente dicho. La ruta trepa entre curvas amplias y balcones naturales, con un pequeño túnel histórico de menos de 100 metros que quedó como testigo del camino viejo. Cada recodo regala una postal distinta: el valle abajo, las cumbres enfrente y, en los días claros, una lejanía infinita hacia el oeste.

Del otro lado el camino baja hacia el valle de Punilla, desembocando por la zona de Valle Hermoso y La Falda. Ahí conviene desviarse a la Reserva Natural Vaquerías, unas 380 hectáreas con senderos botánicos, cascadas y miradores, perfecta para estirar las piernas antes de la vuelta.

Candonga, un tesoro colonial

Si hay una parada imperdible en esta zona es la Capilla de Candonga, cerca de la localidad de El Manzano. Es el antiguo oratorio de la estancia Santa Gertrudis, levantado a mediados del siglo XVIII: las tierras se compraron en 1720 y el templo se fue construyendo en las décadas siguientes. En 1941 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

El nombre lo dice todo: candonga significa mula de tiro, porque el paraje fue lugar de invernada de mulas en la ruta colonial hacia el Alto Perú. La capilla es pequeña y blanquísima, con una nave, su sacristía y bóveda de medio punto; adentro se venera a la Virgen del Rosario y todavía se notan detalles tallados a cuchillo por manos indígenas. El acceso es por unos 9 kilómetros de camino de montaña desde El Manzano, así que consultá el estado antes de ir.

Estirar la vuelta

Alrededor hay pueblos para elegir según el ánimo. Agua de Oro y La Granja tienen ese aire tranquilo de sierra con arroyos y arboledas. Villa Allende y Unquillo, ya más cerca de Córdoba, suman gastronomía, ferias y una escena cultural linda para cerrar el día. Y si el cuerpo pide más aventura y tenés otro día por delante, Ongamira queda al norte: sus cuevas y el Valle del Silencio son un capítulo aparte.

Consejos prácticos

Cargá nafta y agua antes de subir: en el tramo de montaña no hay servicios.
Andá con precaución en días de niebla o lluvia; la ruta se pone resbaladiza y baja la visibilidad.
Llevá abrigo liviano: en la altura sopla fresco aunque abajo haga calor.
Salí temprano para aprovechar la luz de la mañana en los miradores.
Respetá los senderos y no dejes basura en las reservas: es bosque nativo protegido.

El Camino del Cuadrado no se trata de kilómetros sino de detenerse. Un mate en un mirador, una capilla de tres siglos, el agua de un dique: las Sierras Chicas se muestran enteras en un solo día, si le das el tiempo que se merece.

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